Capítulo XXXIV
(Fragmento del cuaderno azul del profesor Adrián Núñez, sin fecha ni título copiado al pie de la letra por el narrador de esta novela. Después del texto, en la página treinta -y última del cuaderno- aparece una fotografía de Adrián y Julia afuera de algún cine. Ella con una mini falda blanca y el cabello recogido, él con unos jeans rotos y percudidos, unos lentes enormes y las manos dentro de las bolsas del saco).
Me quedo buscándote en todos los lugares donde nunca estuviste,
en las calles que no caminamos jamás.
Me gusta esperarte porque sé que nunca vuelves,
que tienes miedo de mirar atrás y convertirte en sal.
Voy a todos los cafés donde nunca discutimos,
y cierro los bares en los que no levantaste la mano para pedir un trago más.
De alguna manera te encuentro cerca en los lugares más lejanos,
me siento tranquilo buscándote donde no te puedo encontrar.
No fuiste tú la que llegó anoche (cansada y con frío) a meterte a mi cama,
y no fui yo quien te regaló el anillo que jamás piensas usar.
Si para no extrañarte hace falta no tenerte,
entonces me quedo quieto porque no tengo ganas de tentar al azar.
Nunca te prometí nada, ni tú fingiste creerme,
ni nos interesaron los sacrificios inútiles.
Tú no llegaste al lugar donde no te cité con prisa,
y yo no pagué la cuenta de la comida que ni siquiera ordenaste.
No te quité la falda que jamás te he visto puesta,
y tampoco despertamos a los vecinos que no viven en el piso de abajo.
Y mientras, tú sigues creyendo que nunca nos pasó nada,
y yo no puedo dejar de pensar que ya hemos pasado por todo.
FIN.
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2 comentarios:
Bravo, Maestro. Me la he aventado toda de una sentada. Me encantó. No tengo nada más qué decir: hoy lo respeto y lo admiro más. Un abrazo.
Igual que el Maestro Feben, mi primo de otro tiempo, me la eché de un jalón. Aunque podrías pensar que no es significativo por aquello de que una es chillona de nacimiento, me hizo llorar en un punto y nada de lagrimitas fáciles, sino de las que sí cuentan.
Me gustó muchísimo, Turri. Un besote.
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